Tranquilos, las mujeres nunca cantarán en las representaciones de El Misteri

La tradicional "prueba de voces", el pasado mes de agosto.
La tradicional "prueba de voces", el pasado mes de agosto.

La participación de las mujeres en las representaciones de La Festa es un asunto polémico, cuando no tabú. EL TALADRO se adentra en este debate aportando distintos puntos de vista, sin prejuicios previos, y abogando, eso sí, por abrir las puertas e introducir cambios para acabar con una situación discriminatoria.

“En calidad de participante del Patronato del Misteri, solicitamos al Ayuntamiento que realice las modificaciones oportunas y necesarias para incorporar representantes femeninas en las representaciones del Misteri”. Esta es la escueta frase que se leyó en el pleno del Ayuntamiento de Elche, hace un par de semanas, sobre el debate del estado de la ciudad, el mismo en el que se dio voz a los colectivos sociales y consejos municipales. En el que caso que nos ocupa, el Consejo de Igualdad en el que están representadas las Asociaciones de Mujeres y Feministas de Elche. Actuó de portavoz la veterana periodista Genoveva Martín, presidenta además de la Asociación de Informadores de Elche. “Puedes decir- me escribe Geno en un WhatsApp– que me han sacado el pellejo por osar, como portavoz, a abrir un debate pendiente”. Queda dicho.

Esther Díez, concejala de Compromís, apoya desde la prudencia la necesidad de dar una vuelta de tuerca, así lo explica para El TALADRO: “Hay gente que apela a la tradición, pero el Misteri  es un ejemplo de marginación; hay que ir reflexionando sobre la participación de las mujeres en El Misteri… no digamos siempre no por defecto”. El testimonio de la concejala no es banal: fue miembro de la Capilla del Misteri durante muchos años, incluso participó en la grabación de un disco y en un concierto en una iglesia de Londres. “Es un tema en el que hay que seguir explorando”, concluye Díez.

Esther Díez, concejala: “Hay gente que apela a la tradición, pero el Misteri  es un ejemplo de marginación; hay que ir reflexionando sobre la participación de las mujeres …no digamos siempre no por defecto”

Es de las poquísimas veces que, con lo ocurrido en el pleno, se visibiliza en Elche un tema que, grosso modo, viene a ser tabú. Bueno, no tan tabú. Yo lo he planteado en varias ocasiones en el diario “El Mundo”, periódico con el que colaboro desde hace diez años. La última vez fue el pasado mes de agosto, donde escribí lo siguiente bajo el título de “El sexo del Misteri” (pido disculpas por la inmodestia):

Existe un debate, minoritario, sobre el veto de que las mujeres asuman los papeles femeninos en el Misteri, un vestigio del veto de la mujer en el espacio público que se remonta a tiempos inmemoriales. Se daba también en el teatro civil, aun en los tiempos de Shakespeare: cayó por su propio peso a partir del siglo XVII. El veto se extiende al papel de la Virgen, su cortejo, y a los angelitos que descienden desde los aparatos aéreos. Que yo sepa, nadie ha sabido determinar el sexo de los ángeles… En aras a la sacrosanta tradición, plantear la participación de niñas es un tema tabú en Elche en un bucle que tiene mucho de absurdo por anacrónico. La esencia de La Festa, mi estimado Enrique Martín, no se alteraría: ni el texto ni la música; se adecuaría en todo caso el contexto. No pasaría absolutamente nada si en los tres ensayos generales salieran niñas… para empezar. La exclusión de la mujer en la esfera pública tiene un interés antropológico, no más. Tampoco pasaría nada si se empezaran a suprimir algunos de los arreglos de Oscar Esplá (siglo XX) que no son tradición, sino pegote extemporáneo. Tampoco pasaría nada si uno de los ensayos se hiciera siguiendo estrictamente el consueta más antiguo que se conserva, el de 1709, sobre el que ya ha trabajado Jordi Savall: eso sí que sería recuperar tradición. Tranquilos los esencialistas: no va a pasar nada”.

Conviene por tanto en este debate discernir dos conceptos muy distintos, aunque emparentados: perspectiva de género, que no tiene nada que ver en este caso, y sexismo, que tiene todo que ver. Hay quien mezcla churras con merinas de forma interesada

El artículo tuvo sus correspondiente réplica, amistosa, de Enrique Martín, patrono del Misteri y socio director de Ibidem, también en las páginas de “El Mundo”: El Misteri es una obra de arte creada por un autor anónimo y colectivo, la sociedad ilicitana, que con el paso del tiempo y hasta nuestros días ha querido preservar la característica medieval de reserva de los diversos roles a los hombres, como un elemento indisociable de la propia obra artística. Creo, por tanto, que el debate debe fijarse en esos términos: si existe o no un derecho a modificar una obra de arte, en función de valores o ideologías imperantes en cada momento; que es tanto como plantear, por ejemplo, si es lícito tapar al David de Miguel Angel o a los frescos de la Capilla Sixtina por criterios morales o religiosos ajenos a la voluntad artística. El Misteri es también un monumento histórico. No sería un drama que las niñas pudieran interpretar a las marías o a los ángeles, pero ello rompería una característica histórica medieval de la obra (como lo sería sustituir el órgano por una guitarra eléctrica). Sería como una de esas restauraciones de monumentos históricos que aplicando los criterios actuales –el cronocentrismo– alteran la esencia histórica de la obra en vez de conservarla”. Argumentaba también Enrique Martín la conveniencia de no forzar “debates artificiales” a la vez que alertaba sobre los riesgos de que la UNESCO cambiara su calificación de Patromonio de la Humanidad.

La participación de la mujer en las representaciones es un debate minoritario, efectivamente. El párrafo que se leyó en el pleno municipal era uno más de una amplia intervención sobre el protagonismo de la mujer en los distintos ámbitos sociales, sobre la conveniencia de desterrar el lenguaje sexista y mil cosas más. Pero no por minoritario (el debate) deja de ser importante. Los que abogamos por esa incorporación siempre quedamos como bichos raros o como víctimas cautivas de la retórica feminista, y de la perspectiva de género, o “ideología de género” como les gusta decir a los conservadores. Una confusión monumental. Aplicar la perspectiva de género a las representaciones de La Festa sería algo así como modificar los roles de los actores: por ejemplo, reinventar una “María” guerrera en vez de una “María” paciente, pasiva, y existencialista que solo desea la muerte. Es un mero ejemplo. Conviene por tanto en este debate, tan minoritario, discernir dos conceptos muy distintos, aunque emparentados: perspectiva de género, que no tiene nada que ver en este caso, y sexismo, que tiene todo que ver. No quiero ni citar la judeofobia latente que se da en el Misteri, propia del discurso político dominante al final del Medievo y en los siglos posteriores. Eso daría para otro debate.

¿Esplá, siglo XX, es tradición intocable? Conviene fijar los conceptos para acotar, de una manera desapasionada, el concepto de tradición en el arte, de lo inamovible. O para que no se apele a la sacrosanta tradición de una manera torticera

El debate es minoritario, sí… pero ojo, lo destacaron todos los periódicos y emisoras locales de radio y televisión, y no creo que por hacer sensacionalismo en un tema tan delicado. Desde hace años, y he tenido mil conversaciones al respecto, estoy esperando una argumentación sobre lo chirriante que resultan algunas de las reformas musicales de Esplá, en claro atentado contra el purismo de La Festa. ¿Esplá, siglo XX, es tradición intocable? Conviene fijar los conceptos para acotar, de una manera desapasionada, el concepto de tradición en el arte, de lo inamovible. O para que no se apele a la sacrosanta tradición de una manera torticera.

Nunca veremos a niñas participar en el Misteri por el dictado de la amplia mayoría que lo considera poco menos que una aberración (nada que ver con la argumentación de Enrique Martín que reflexiona sobre la alterabilidad de la obra de arte). Prueba de que no lo veremos nunca es el discurso que ha aplicado “Aquí en Elche”, periódico que se acaba de estrenar, abordando esta cuestión: con mucha naftalina y reforzando el análisis de género (ñoño) a las mujeres que colaboran en los preparativos de las representaciones. Dice una de las camareras sobre la escultura de la Virgen que desciende de la Coronación (que no del Araceli): “Es la madre y hay que desnudarla, aunque nunca lo llega a estar del todo porque automáticamente cuando se le quita una prenda ya tiene otra puesta, pero sí que ha de tener su intimidad como toda mujer”. En fin, para los hombres, una copa de Soberano.

 

 

 

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