Las trabajadoras y la violencia de género (Parte 1)

Conductoras de autobús
Conductoras de autobús

Violencia de género: otras miradas

La publicación de este reportaje es fruto del acuerdo de colaboración de EL TALADRO con el curso de la UMH La violencia de género no es un suceso; aprende a tratarla

Ellos a jugar al fútbol, con las herramientas y los coches; ellas a cocinar, a las muñecas y a ser enfermeras. Es con lo que la mayoría nos hemos criado, situaciones ‘normales’ que vivimos día a día gracias a los roles que fabrica y distribuye el orden social existente. Nos asigna a hombres y mujeres unas tareas y valores que nos acompañarán el resto de nuestras vidas.

Ese orden social es el patriarcado, basado en la discriminación de género y en la supremacía del hombre sobre la mujer, en la dominación sobre ellas y lo considerado femenino. ‘Un gran desconocido’ si tiramos de tópicos y, aunque sorprenda, aún bastante tabú en los medios. Este orden social, transversal a los diferentes sistemas económicos y políticos, que además se alimenta de los mismos para sobrevivir y asentarse, se extiende a todos los ámbitos de la vida y genera y justifica conductas machistas. De esta ideología surgen patrones culturales como los roles y estereotipos sexistas (conjunto de normas y expectativas que una sociedad establece para cómo deben comportarse y sentirse las personas en función de si son hombres o mujeres) y mantiene a través de la violencia de género.

La violencia se utiliza siempre con un carácter instrumental, con un fin de dominación, busca eliminar los obstáculos que se oponen al propio ejercicio del poder. (Además de los asesinatos machistas) tienen lugar en todos los ámbitos vitales para que el patriarcado se mantenga: relaciones sexuales, políticas, sociales, laborales…

La violencia se utiliza siempre con un carácter instrumental, con un fin de dominación, busca eliminar los obstáculos que se oponen al propio ejercicio del poder. Por lo tanto, hablar de violencia supone reconocer la existencia de formas de ejercicio de poder e implica la existencia de situaciones de desigualdad. Ergo, ¿qué es la violencia de género? Son todas esas conductas, actitudes y prejuicios que se utilizan para que las relaciones de poder entre hombres y mujeres sigan siendo desiguales, en detrimento de ellas. Solemos asociarla casi en exclusiva con los asesinatos machistas, pero ésta es sólo su expresión más radical. Hay otras formas de violencia y tienen lugar en todos los ámbitos vitales para que el patriarcado se mantenga: relaciones sexuales, políticas, sociales, laborales… Y las mujeres lo sufren a diario; en lo laboral, por ejemplo. No obstante, es indiscutible que desde el siglo XX hacia delante y gracias a la teorización, organización y presión del feminismo, se han logrado mejoras impensables décadas atrás, aunque el marco general es bastante diferente dependiendo del contexto en el que nos encontremos.

Pequeñas rupturas con cánones establecidos

Uno de esos avances que muestra cómo se van rompiendo roles en el trabajo se puede encontrar por ejemplo en AUESA, la Empresa de Autobuses Urbanos de Elche, donde hay siete conductoras en una plantilla de más de cien trabajadores. La diferencia numérica es importante como se aprecia, pero sin duda se trata de una pequeña brecha que se ha abierto en uno de esos espacios laborales como el de los chóferes, tradicionalmente ocupados por hombres. En este sentido, tanto María José Navarro —que lleva en la plantilla desde 2007 y fue la segunda mujer en entrar en la empresa— como Caridad Martínez —desde 2014, antes en La Melillense—, están a gusto en la empresa, viven un buen ambiente y no sufren discriminaciones. De hecho, como comenta Caridad, para ella es una tarea muy gratificante y de la que se siente muy orgullosa, al igual que María José.

Es común que mientras conduce (Caridad) algún hombre se acerque para felicitarla por lo bien que lo está haciendo. “Aunque sea una buena observación, nadie va a felicitar a la gente de otros lugares mientras desempeña su empleo”, apostilla ella

No obstante, día a día, y de cara al exterior, con los y las usuarias del transporte público, sí encuentran actitudes machistas, más o menos explícitas, en las que se les cuestiona por el hecho de ser conductoras. “A veces las mujeres son peores”, indica María José, en referencia a un comentario despectivo de una señora que le comentó que qué casualidad que le hubiera tocado una chófer “con la de conductores que hay”. Afirma que le duele más que sea otra mujer quien haga dicho comentario. Aunque también encuentran a mujeres que se alegran de ver a otra ocupando el lugar que tradicionalmente ha estado destinado a hombres, apunta Caridad. Respecto a ese cuestionamiento, señalan que incluso algún hombre les ha dicho: “Que sepas que me he subido para ver cómo conducías, pero lo has hecho bien”. Sin duda, unos exámenes —de los que María José dice viven a diario— que nadie hace a los conductores hombres; tienen que demostrar continuamente que pueden desarrollar el mismo trabajo, algo que sintió desde el primer momento. Indican que se notan cambios en las conductas, antes la gente se sorprendía más. “Pero te sigues sintiendo observada y juzgada”, apunta Caridad, al señalar que es común que mientras conduce algún hombre se acerca para felicitarla por lo bien que lo está haciendo. “Aunque sea una buena observación, nadie va a felicitar a la gente de otros lugares mientras desempeña su empleo”, apostilla.

Además, también han recibido algún comentario retrógrado de tipo: “Las mujeres tenían que estar en la casa, sólo valen para cocinar y fregar”. Indican que todavía hay muchísimo machismo. Por otra parte, el hecho de estar en el transporte público les hace ver actitudes hacia otras chicas; alguna vez les han denunciado acoso de hombres que se toman la licencia de acercarse demasiado, “restregando”, como se dice coloquialmente, tras lo que han dado varios toques de atención.

Cuando ambas decidieron ser conductoras de autobús tuvieron apoyo en casa, aunque Caridad matiza que a los hijos pequeños no les hacía mucha gracia, pero con el tiempo se han sentido orgullosos. Y señalan que tampoco han tenido problemas con la conciliación familiar y laboral, de hecho en el caso de María José se invirtió el rol tradicional de la mujer en el ámbito doméstico, siendo su marido quien se ocupaba de la casa y los hijos cuando ella trabajaba. Algo bastante diferente a Caridad cuando era chófer en La Melillense, donde no había un horario fijo y el estar continuamente alerta por si había que trabajar impedía esa conciliación. Ahora sí tiene unos horarios estables y planificados, lo que le permite conciliar su vida personal y familiar.

Próximamente segunda parte: Las trabajadoras y la violencia de género.

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