Marzá promete y los docentes cumplen

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No sé qué es más peligroso, si una promesa electoral incumplida o su puesta en marcha de forma precipitada. Con respecto a la primera de las opciones, los electores estamos anestesiados y somos incapaces de recordar tanta palabrería evaporada. La palabra ‘promesa’ pierde su significado en campaña electoral. Sin embargo, cuando la Administración se empeña en llevar a la práctica alguna de sus medidas sin consultar y planificarlo adecuadamente las consecuencias son más graves. Pongo el acento en una de las iniciativas estrella del Consell valenciano, la Xarxa Llibres.

La gratuidad de los libros de textos es un alivio para aquellas familias con mayores dificultades para llegar a fin de mes; sin embargo, la implantación de la Xarxa Llibres no se ha hecho correctamente. Amplias son las reivindicaciones que me llegan desde una parte de la comunidad educativa ilicitana, tanto de colegios como institutos. Quizás una de las que se oye con más fuerza es la de que la Conselleria de Educación se ha llenado de gloria mientras ellos se ven cargados de trabajo. No sólo se trata de la burocracia que conlleva esta medida, que es desmesurada, sino de la incoherencia que hay entre el mensaje que se lanza a los padres a través de los medios de comunicación y aquella que dirección y maestros reciben. Las familias se acercan al centro escolar ansiosas de respuestas pero los docentes van ‘a salto de mata’, en palabras de una maestra consultada por esta revista. No tienen información y esto genera malestar y desconfianza entre los implicados.  Ella considera que “es un proyecto de mucha envergadura para implementarlo en tan poco tiempo. Los padres buscan respuestas que nosotros no tenemos.”

El proceso de gestión de la Xarxa Llibres ha recaído exclusivamente en los colegios e institutos, desde el asesoramiento a las familias y el cumplimiento de la solicitud para participar en este plan hasta la recogida, clasificación y reparto de cada uno de los libros. Quizás sea la más tediosa de todas las tareas la de examinar cada uno de los ejemplares para, finalmente, decidir si ese niño es merecedor de seguir dentro de la Xarxa. Y quizás, la parte más desconocida la de que son los centros los que deben adelantar el pago de los libros de los fondos que reservan para cualquier contratiempo, unos 20 mil euros para los colegios y unos 40 mil para los institutos. Si bien la Conselleria les devolverá ese dinero no saben ni cómo ni cuándo.

Que esta promesa electoral se cumpliera era necesario, por ser promesa y porque muchas familias ven el comienzo del curso escolar como subir los 8000. Pero no son todas. ¿Será que esta medida era más sencilla de implementar y, por consiguiente, les daba un inmediato rédito en términos de imagen? Sea como sea, parece que la segunda fase no va por mejor camino.

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