Un verano entre animales y deportistas olímpicos

Alejandra Quereda, junto a sus compañeras del equipo de gimnasia rítmica, tras conseguir la plata en Río | Imagen: Real Federación Española de Gimnasia
Alejandra Quereda, junto a sus compañeras del equipo de gimnasia rítmica, tras conseguir la plata en Río | Imagen: Real Federación Española de Gimnasia

Ha sido en verdad un verano muy (súper, dicen los más modernos) entretenido porque los perros, gatos, ratas, tiburones, culebras, buitres, tortugas, patos, mosquitos, medusas, pingüinos, orangutanes y ovejas, entre otras especies de la variada fauna que merodea por tierra, mar y aire de este país, se han convertido en protagonistas de las noticias más relevantes, comentadas y compartidas en los medios de comunicación tradicionales y redes sociales. Como Ben-Hur, el bíblico Noé también ha regresado durante la canícula de 2016 para ofrecernos una versión 2.0 de su animada y salvadora arca. No sé si se habrán dado cuenta, pero los animales, domésticos o silvestres, son los nuevos superhéroes o, mejor dicho, los superventas de la cultura (?) de lo mediático y viral.

Mientras estas raleas de animales, unas en un claro papel de víctimas y otras ejerciendo de malos de la película, han provocado ardorosos debates de muy diversa índole, otros ejemplares supuestamente más racionales han decidido, aprovechando el “caloret” que hemos sufrido día tras día, entregarse a un periodo de letargo con el que compensar el gran esfuerzo y enorme gasto de energía que están realizando desde hace nueve meses. Con este panorama estival no nos tiene que extrañar que más de un medio de comunicación haya tenido que recurrir a titulares tan expresivos y contundentes como el de “Sánchez llama por teléfono a Rajoy”. Una gran noticia que podría servir como ejemplo para la primera clase elemental en las facultades de Ciencias de la Información. En ella se han atendido debidamente las cinco preguntas básicas que hay que cumplimentar en todo acontecimiento periodístico: ¿qué?, ¿quién?, ¿cuándo?, ¿cómo? y ¿dónde? La respuesta a la sexta y última pregunta, ¿por qué?, ya sería rizar el rizo y tampoco es cuestión de ir al límite y que nos salga una hernia inguinal.

Claro que, frente el estado de sopor y hastío al que nos han llevado los Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera (solo cito al cuarteto principal y obvio a todos los adláteres), no solo nos hemos distraído con los sucesos protagonizados por mascotas y bichos varios. También teníamos el deporte. Primero, con los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y las apasionadas narraciones deportivas de los comentaristas de RTVE y, más tarde, con la fiebre postolímpica que se desparramó por las cabezas de los mandamases de ayuntamientos, comunidades y otras instituciones públicas: todos locos por hacerse la foto con los medallistas. En fin, es entendible el agasajo a los deportistas en sus respectivos pueblos y ciudades, y comprensible esa humana y nada interesada tendencia de los políticos por hacerse uno y cien selfis con los ganadores; pero de ahí al anuncio, de sopetón, del alcalde de Alicante, Gabriel Echávarri, de dedicar una calle o plaza a la alicantina Alejandra Quereda, integrante del equipo de gimnasia artística que consiguió una medalla de plata, me parece un poco “demasiao”. No digo que Alejandra no merezca cualquier reconocimiento público, pero ese afán por dedicar calles y plazas puede resultar contraproducente. Y lo dejo ahí para buen entendedor. Ahora bien, puede que a Echávarri lo de las sesiones de fotos y escaramuzas en Twitter se le hayan quedado cortas y necesite subir un escalón en su protagonismo social.

Es entendible el agasajo a los deportistas en sus respectivos pueblos y ciudades, pero de ahí al nuncio, de sopetón, del alcalde de Alicante, Gabriel Echávarri, de dedicar una calle o plaza a la alicantina Alejandra Quereda me parece un poco demasiao

Total, que entre faunas variopintas, deportistas olímpicos, medallas, sesiones de investidura fallidas y… ¡por fin! de nuevo el fútbol, ya nos encaminamos hacia el final del verano y un año más el “Elche abierto por vacaciones” no ha traspasado la barrera del deseo a la realidad. A finales del pasado año comentaba en El Taladro que no por muchos eslóganes que nos inventemos Elche recibirá más visitantes de otros lugares. Del mismo modo, parece demostrado que no por más guías municipales que se difundan cada verano con el citado lema comercial las tiendas (incluyo también a bares y restaurantes) van a seguir abiertas tras las fiestas patronales de agosto. Para potenciar el turismo local es más que evidente que hay que dotar a la ciudad de actos, eventos y contenidos culturales, lúdicos, deportivos, profesionales, con el gancho suficiente como para generar todo un movimiento y cúmulo de sinergias que favorezca al sector. Lo del busto de la Dama lo dejo para las cansinas promesas cíclicas de los políticos.

Para lo segundo, que Elche no parezca una ciudad fantasma después del 15 de agosto, hace falta algo más que proyectar la organización de un festival cultural o musical, como recientemente nos anunció la concejala de Turismo, Mireia Mollà. Es una cuestión de hábitos y costumbres de los ilicitanos (e ilicitanas) y ese es un campo de trabajo mucho más complejo. Pero, bueno, por intentarlo que no quede. Esperaremos al próximo verano para ver si Elche no cierra por vacaciones y, de paso, ya tenemos Gobierno.

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