Rapadas, violadas, purgadas… Crímenes de género durante el franquismo (Parte 1)

Las hermanas Daria y Mercedes Buxadé / Imagen: Women's Link Worldwide
Las hermanas Daria y Mercedes Buxadé / Imagen: Women's Link Worldwide

La organización Women’s Link Worldwide presenta en Argentina la primera querella por crímenes de género durante el franquismo en la que recogen los casos de seis mujeres

Piden a la jueza Servini que amplíe la causa e investigue delitos contra las mujeres: violencia sexual, tortura, robo de bebés, rapado y purgas con aceite de ricino

Próximamente segunda parte: Rapadas, violadas, purgadas… en Elche: “Me voy de aquí porque no les queda nada más que hacerme”

Silencio. Durante décadas no ha habido más que silencio en torno a los crímenes que sufrieron las mujeres represaliadas por el régimen franquista. Violencia sexual, descargas eléctricas en las zonas genitales, robo de sus bebés, abortos forzados, purgas con aceite de ricino, humillaciones de todo tipo… por ser mujer, por ser republicana, por “roja”. Formas múltiples de violencia de género que quedaron invisibilizadas, olvidadas en los cajones de la historia. Así ha sucedido siempre en contextos de guerra y conflicto armado.

La violencia contra la mujer está presente de manera constante en estos escenarios y adquiere unas formas específicas por cuestiones de género. Sucedió durante la Guerra Civil y posterior Dictadura, del mismo modo que sigue sucediendo hoy, por ejemplo, con las mujeres y refugiadas sirias, como han constatado diversos informes de distintas organizaciones. Las españolas han tenido que hacerse visibles a base de lucha.

Hace ahora una semana, la organización Women’s Link Worldwide presentó ante el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal número 1 de Buenos Aires (Argentina) la primera querella sobre los crímenes de género cometidos durante el franquismo. Piden a la jueza María Servini, quien instruye bajo el principio de justicia universal la única causa abierta en el mundo contra los crímenes del franquismo, que amplíe esta causa e incluya los delitos de género. Este mismo miércoles, Servini urgía al gobierno en funciones de Mariano Rajoy que le permita investigar y curse su petición para trasladarse a España con el fin de interrogar a 19 ex altos cargos franquistas.

“Esta querella es una ocasión única para reconocer el papel que jugaron las mujeres en la historia de España. El tribunal tiene la oportunidad de ser un referente en la búsqueda de la justicia desde una perspectiva de género para que se investigue y juzgue la historia completa y se incluyan los crímenes que se cometieron contra las mujeres”, ha dicho la directora legal regional de Women’s Link, Carmen de Miguel.

Para Bartomeu Garí, perito en la querella, el silencio que ha rodeado la represión que padecieron estas mujeres “ha sido desolador”. “Vivieron un auténtico calvario. Detrás de cada una de ellas se esconden historias escalofriantes”, constata el también miembro de la junta directiva de la Asociación de Memoria de Mallorca. Concretamente, la querella relata las historias de seis mujeres: Margalida Jaume Vandrel, Daria y Mercedes Buxadé Adroher, Pilar Sánchez Lladrés, Matilde Lanza Vaz y Lidia Falcón O’Neill, esta última sobreviviente. El resto de casos han podido ser recogidos gracias a los testimonios de familiares. Cuatro de estas mujeres siguen desaparecidas.

Por ser mujeres

“Ninguna causa que investigue las violaciones de derechos humanos puede estar completa si no contempla los crímenes que se cometieron contra las mujeres por el hecho de serlo”, asevera Glenys de Jesús, Directora Legal Internacional de Women’s Link. En un documento elaborado por esta organización, se recogen los principales métodos que se emplearon para “castigar” a las mujeres durante la guerra y el franquismo:

– Violencia sexual: ejercida principalmente por funcionarios de prisiones o falangistas que las “visitaban” con cierta asiduidad. A las mujeres se las detenía y violaba no solo por sus actividades políticas sino por ser familiares de hombres que se oponían al régimen, el llamado “delito consorte”.

– Tortura: tanto hombres como mujeres eran sometidos a torturas en las cárceles, sin embargo, en el caso de las mujeres, las torturas poseían un componente de género específico que se manifestaba en el tipo de insultos, descargas en genitales o golpes en el vientre y estómago de embarazadas.

– Robo de bebés: es probablemente la forma de violencia sobre la que más luz se ha arrojado recientemente. Se calcula que en España fueron robados algo más de 30.000 niños y niñas. La mayor parte de estos robos se producía en hospitales –incluso hasta entrados los años ochenta-. Generalmente se despojaba de sus criaturas a madres solteras o de clase baja, diciéndoles que habían nacido muy enfermos y habían fallecido. También desaparecían bebés de las cárceles después de ser ejecutadas sus madres, que eran entregados, generalmente, a familias de militares franquistas para eliminar así la “semilla marxista” que traían.

– Rapado y purga con aceite de ricino: este tipo de vejaciones fueron más frecuentes durante la guerra civil y años siguientes. Las mujeres eran rapadas a cero y obligadas a beber aceite de ricino en grandes cantidades para desfilar posteriormente por las calles de su pueblo o ciudad a modo de escarnio, sin poder controlar sus esfínteres y siendo objeto de burlas y todo tipo de agresiones (escupitajos, insultos, golpes…).

Cuando acabó la guerra, el nuevo régimen impuso un modelo de mujer, redefiniendo su rol. La mujer del nacional-catolicismo debía limitarse a cumplir con el ideal de madre y esposa sumisa, relegada al ámbito privado y familiar. Aquellas que no se ajustaran seguían siendo perseguidas y castigadas. Para la organización Women’s Link, a pesar de haber sobrados testimonios de mujeres e investigaciones que dan cuenta de estos hechos, “nunca se ha investigado en ningún proceso judicial la comisión de crímenes de género contra las mujeres”. No hacerlo, es decir, no asumir que hay determinado tipo de violaciones de derechos humanos que sufren las mujeres de forma particular y que tiene un impacto diferencial sobre ellas, “perpetúa el silencio e invisibiliza estos delitos que constituyen un crimen internacional”.

Margalida Jaume Vandrel, con su marido e hijas / Imagen: Women's Link Worldwide

Margalida Jaume Vandrel, con su marido e hijas / Imagen: Women’s Link Worldwide

Margalida, Daria, Mercedes, Pilar, Matilde y Lidia

Las seis mujeres en cuyas historias se sustenta la querella ejemplifican el dolor silencioso de tantas españolas durante aquellos años. Margalida Jaume Vandrel, de Mallorca, todavía está desaparecida. En agosto de 1936 fue detenido su marido. Una semana después ella fue detenida con la excusa de que tenían que tomarle declaración. Tenía dos hijas de 8 y 11 años y estaba embarazada de siete meses. Ella y su marido sufrieron todo tipo de torturas y humillaciones. Uno de sus vecinos contó más tarde que vio cómo un falangista la violaba y dijo: “nunca me había gozado a una embarazada”.

Daria y Mercedes Buxadé Adroher eran dos hermanas barcelonesas que en agosto de 1936 se marcharon a Mallorca como personal sanitario en una expedición republicana. Fueron detenidas e interrogadas el 4 de septiembre junto a otras tres enfermeras. Ordenaron que se comprobara si eran vírgenes y un grupo de monjas se encargó de realizarles un examen ginecológico. Después fueron violadas por un grupo de falangistas repetidamente y se cree que al día siguiente las asesinaron en un cementerio. Se supone que sus restos están en una fosa común que a día de hoy aún no se ha podido exhumar.

Pilar Sánchez Lladrés era una mallorquina militante del partido socialista. Escondida, después de que su marido fuera detenido y encarcelado, fue posteriormente denunciada y detenida. Un grupo de cuatro falangistas, encargados de trasladarla, la golpeó y violó en el trayecto, según el testimonio de un cazador. Después fue conducida a un cementerio y allí, otro testigo vio cómo la volvían a violar antes de echarla al suelo, dispararle y abandonar su cuerpo.

Matilde Lanza Vaz, una destacada comunista, fue juzgada en consejo de guerra en abril de 1939. En sus primeros meses de encierro en los calabozos de la Puerta del Sol y, posteriormente, en la prisión de Ventas, se convirtió en un referente para el resto de prisioneras. En agosto de 1940 la trasladaron a la prisión de mujeres Can Sales de Palma de Mallorca donde siguió siendo una líder para las demás. Las autoridades de la cárcel se decidieron a adoctrinarla y convertirla al catolicismo. Fue aislada y chantajeada con la excusa de que si se bautizaba mejorarían las condiciones del resto de presas. Accedió a ser bautizada pero antes del bautizo, el 26 de septiembre de 1942, pidió permiso para ir a Enfermería y desde el piso más alto de la cárcel saltó al patio. Agonizando e inconsciente sobre el suelo, Matilde fue bautizada.

Lidia Falcón: “ahora ya no parirás más, puta, bruja”

Lidia Falcón es una reconocida abogada feminista española. Entre los años 1960 y 1974 fue detenida siete veces y encarcelada en varias prisiones en las que sufrió torturas que ella misma relata.

 

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6 comentarios

  • jesus crispi escursell dice:

    La amnistía de los crímenes del franquismo ha sido una trampa. Fraga y otros cómplices de la dictadura se ha reciclado a “demócratas” augentennque a veces no pueden evitar sus tics fascistas.
    En Argentina han condenado los crímenes de la dictadura, pero finalmente se ha roto la impunidad y los responsables han tenido que sentarse en el banquillo de los acusados.
    En España no habrá paz y democracia hasta que los colaboracionistas franquistas hayan sido desemascarados y juzgados.

  • CHURRO MATOLA dice:

    Muy buen artículo, como todos los tuyos, estimada Maribel. Es preciso que estos temas no se olviden. Que el padecimiento al que fue sometido el pueblo español durante el franquismo esté presente en la memoria colectiva de nuestro pueblo. Lástima, que en la escuelas e Institutos no haya asignaturas específicas para ilustrar, estudiar y formar a la juventud en el conocimiento de nuestra Historia más inmediata y en el respeto a la Democracia verdadera, base de una sociedad moderna, culta, equilibrada, justa y tolerante. Un detalle que quizá no conozcas pues no está divulgado, es que el Palacio de Altamira fue utilizado en los años de la posguerra como cárcel política y que allí las mujeres fueron recluidas en la Torre del Homenaje, donde estuvo expuesta nuestra Dama. Allí se cometió con ellas las mil barbaridades y atropellos, habiendo mujeres asignadas, como en un harén, a ciertos personajes de la policía político-social ilicitana para su particular uso y disfrute. Violaciones, palizas y amenazas se sucedían a diario. De hecho, una mujer quedó embarazada de un alto gerifalte policíaco local, muy conocido, dando a luz a un niño, por lo tanto hermano de padre de una influyente familia local cuyos datos omito, por obvias razones que no dudo comprenderás. Acabo, como empiezo, felicitándote por tu estupendo trabajo y esperando la II parte de este trabajo que sin duda será tan buena o mejor que la primera. Recibe un fuerte abrazo.

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